La cruzada anti-privacidad de la UE puede hacer que Telegram eche el cierre en España. Ni siquiera el juez Pedraz pudo lograrlo

La cruzada anti-privacidad de la UE puede hacer que Telegram eche el cierre en España. Ni siquiera el juez Pedraz pudo lograrlo

Cada vez somos más conscientes de la importancia del derecho a la privacidad digital… y cuanto más conscientes somos, más frágil se vuelve. Cuando los gobiernos ya desprecian el derecho al anonimato en redes en favor de innovaciones como el ‘pseudonimato‘, las apps de mensajería cifrada parecen ser uno de los últimos bastiones de la privacidad online.

Pero este frente también se tambalea, al menos para los ciudadanos de la UE. Telegram, una de las plataformas más utilizadas del mundo, ha dejado claro que está dispuesta a salir del mercado europeo antes que ceder a las exigencias políticas que buscan debilitar su sistema de cifrado. ¿Qué está pasando?

La raíz del conflicto: ‘privacidad’ con agujeros

Todo comenzó con una propuesta legislativa en Francia que pretendía obligar a las aplicaciones de mensajería a implementar lo que se conoce como puertas traseras —mecanismos de acceso ocultos que permitirían a las autoridades leer mensajes cifrados—. La intención oficial era noble: combatir el narcotráfico.

Sin embargo, los riesgos para la privacidad resultan demasiado grandes como para pasarlos por alto.

Y, al fin y al cabo, Pável Dúrov (el CEO de Telegram) ya sabe lo que es tener que salir de un país para que no le obliguen a facilitar la identificación de usuarios, como le ocurrió tras salir de Rusia para poder crear Telegram. En aquel momento la intención oficial del Kremlin también era noble: combatir el terrorismo.

Aunque la Asamblea Nacional francesa finalmente ha rechazado esta propuesta, la idea no ha muerto: la Prefectura de Policía de París y otros actores políticos continúan presionando para su implementación, quizá con algunos cambios leves.

No van a contracorriente: a su vez, la Comisión Europea ya ha planteado (y vuelto a plantear cuando se rechazaron) propuestas muy similares en el marco del plan ProtectEU. Su intención oficial también es noble: combatir la pederastia.

El fundador de Telegram advierte: «Ningún país está a salvo de la erosión gradual de las libertades. Cada día esas libertades están bajo ataque, y cada día debemos defenderlas»

Telegram planta cara: privacidad o nada

Ante estas presiones, Pável Dúrov, CEO y fundador de Telegram, ha sido tajante: aseverar que la compañía abandonaría Francia, e incluso otros países de la Unión Europea, si se le obliga a implementar estas puertas traseras.

«Telegram preferiría salir del mercado antes que sacrificar la privacidad de los usuarios».

Según Dúrov, permitir un acceso especial para las fuerzas del orden no solo es una violación de los derechos humanos fundamentales, sino también un riesgo técnico inaceptable:

«Es técnicamente imposible garantizar que solo la policía pueda acceder a una puerta trasera. Una vez abierta, puede ser explotada por hackers, espías e incluso gobiernos extranjeros».

Esto no es ninguna paranoia ni ninguna mera situación futurible: ya le ha pasado recientemente a los Estados Unidos.

El propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya ha advertido (en una sentencia promulgada en febrero de 2024) que tales medidas constituyen una violación de los derechos fundamentales, debilitando no solo la seguridad digital, sino también la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas.

Por otra parte, Dúrov enfatiza que estos mecanismos serían inútiles contra los criminales, que simplemente migrarían a plataformas más pequeñas y menos reguladas, protegidas por VPNs y redes descentralizadas.

Aquí, el mensaje de Dúrov publicado en su canal de Telegram:

Durov

Incluso si descartamos un mal uso de estas puertas traseras por parte del Estado (y eso es mucho descartar), una vez que se crean mecanismos de acceso ocultos, estos pasarán a ser objetivos codiciados por los cibercriminales

¿Qué implicaría una salida de Telegram de la UE?

La plataforma cuenta con millones de usuarios en Europa, no solo particulares sino también periodistas, activistas y organizaciones que confían en su cifrado de extremo a extremo para comunicarse de manera segura. Su marcha forzaría a estos grupos a buscar alternativas que, en muchos casos, no ofrecen el mismo nivel de privacidad ni funcionalidades.

Por otro lado, dejaría al descubierto la tensión creciente entre seguridad y libertad en el entorno digital europeo. Si una empresa como Telegram se ve obligada a cerrar operaciones por negarse a vulnerar la privacidad de sus usuarios, ¿qué mensaje se está enviando al resto de las compañías tecnológicas?

Un precedente… en España

Hace poco más de un año, Telegram estuvo a ‘un tris’ de cerrar sus actividades en España, no por razones de seguridad nacional o privacidad, sino por una disputa relacionada con el copyright. El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ordenó el bloqueo cautelar de la aplicación tras una denuncia presentada por Mediaset, Atresmedia y Movistar Plus.

Estas compañías acusaban a Telegram de permitir la difusión no autorizada de contenido audiovisual protegido por derechos de autor en ciertos canales de la plataforma. Ante la falta de respuesta de Telegram a las solicitudes de los demandantes, Pedraz consideró que el bloqueo era una medida «necesaria, idónea y proporcional» para evitar la reiteración de las infracciones denunciadas.

Sin embargo, la medida generó una oleada de críticas por parte de expertos en derecho digital, organizaciones de consumidores y usuarios, quienes la calificaron de desproporcionada y perjudicial para los millones de usuarios que utilizan Telegram de manera legítima.

Ante la controversia y tras recibir un informe de la Policía Nacional que destacaba el impacto negativo de la medida, el juez Pedraz rectificó entonces su decisión.

Así ha lidiado Apple recientemente con presiones similares

La defensa de la privacidad digital no es una batalla exclusiva de Telegram (al igual que la lucha contra la misma no es exclusiva de la UE). Apple, otro gigante tecnológico, se ha visto envuelto en un conflicto similar con el gobierno del Reino Unido. En febrero de 2025, Apple anunció la retirada de su función de cifrado de extremo a extremo más avanzada, conocida como Advanced Data Protection (ADP), para los usuarios británicos.

Esta decisión se produjo tras recibir una orden secreta del gobierno británico que exigía la creación de una puerta trasera en iCloud, permitiendo el acceso a los datos cifrados de los usuarios. Ante la imposibilidad técnica y ética de cumplir con la demanda gubernamental sin comprometer la seguridad de todos los usuarios (no sólo los británicos), Apple optó por deshabilitar esta función en el Reino Unido.

En paralelo a eso, Apple ha apelado la orden ante el Tribunal de Poderes de Investigación del Reino Unido, argumentando que la demanda viola los principios fundamentales de privacidad y seguridad de los usuarios. Mientras tanto, la compañía mantiene su compromiso de no implementar puertas traseras en sus productos, reafirmando su postura de que «la privacidad es un derecho humano fundamental».

Imagen | Marcos Merino mediante IA

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Google dice adiós a su (polémico) proyecto para acabar con las cookies de terceros

Google dice adiós a su (polémico) proyecto para acabar con las cookies de terceros

Desde su anuncio en 2019, el Privacy Sandbox de Google se había vendido al público como una ambiciosa propuesta para redefinir el equilibrio entre la privacidad del usuario y la viabilidad de la publicidad digital. Con la promesa de eliminar las cookies de terceros, responsables de gran parte del rastreo web, el gigante tecnológico prometía un ecosistema más seguro y respetuoso con la privacidad.

Seis años después, sin embargo, el proyecto parece estar al borde del fracaso.

¿Qué era el Privacy Sandbox?

El Privacy Sandbox nació, oficialmente, como respuesta a la creciente presión regulatoria y social contra el rastreo masivo de usuarios en la web. Las cookies de terceros, utilizadas ampliamente por anunciantes para seguir a los usuarios entre sitios, han sido objeto de críticas por vulnerar la privacidad personal.

Navegadores como Safari y Firefox las llevan bloqueando por defecto desde 2020, lo que ha supuesto una presión para que Chrome —el navegador más utilizado del mundo— hiciera lo mismo.

La propuesta de Google incluía una serie de APIs alternativas para permitir la segmentación publicitaria sin necesidad de identificar individualmente a los usuarios.

¿Qué ha pasado con el proyecto?

Google ha anunciado que no seguirá adelante con la eliminación de cookies de terceros en Chrome, ni siquiera con la propuesta de mostrar una ventana emergente que permitiera a los usuarios decidir sobre su uso. Esta decisión representa una marcha atrás significativa frente a sus planes previos. Google justificó su cambio de dirección por:

  • La complejidad del ecosistema publicitario, donde actores como editores, anunciantes y plataformas de tecnología publicitaria tienen necesidades divergentes.
  • La presión de los reguladores y competidores, que acusaron a Google de utilizar el Sandbox para reforzar su monopolio en publicidad.
  • La existencia de nuevas tecnologías de privacidad emergentes y el potencial de la IA para mejorar la seguridad sin eliminar cookies.

Críticas y reacciones

La decisión ha provocado fuertes reacciones desde distintos sectores. Así, la Electronic Frontier Foundation (EFF) denuncia en declaraciones a The Register que Google “está dando marcha atrás en sus promesas de privacidad”, dejando a miles de millones de usuarios expuestos a la vigilancia en línea.

«El pasado mes de julio, Google abandonó su largamente aplazado plan para descartar el uso de las cookies de terceros en Chrome, optando en su lugar por solicitar a los usuarios que elijan (o no) ser rastreados (o no) por cookies de terceros. Hoy, Google ha dado aún más pasos atrás con respecto a sus promesas de privacidad, al descartar el despliegue de este plan para ayudar a los usuarios a tomar una decisión informada».

La crítica de la EFF suena extraña… si tenemos en cuenta que, hace menos de dos años, esta organización animaba a los usuarios a huir de la «falsa privacidad» que podía proporcionar este proyecto de Google.

Por el contrario, James Rosewell, portavoz del movimiento «Open Web», celebra la decisión de Google como una derrota de su intento de controlar unilateralmente el sector de la publicidad digital:

«La intención de Google era eliminar los estándares de comunicaciones abiertos e interoperables para poner el tráfico de publicidad digital bajo su único control y, con este anuncio, ese objetivo ahora está acabado. Han reconocido que los obstáculos regulatorios para su proyecto monopolístico son insuperables y han renunciado».

¿Qué queda del ‘Sandbox’?

A pesar de todo, Google no ha abandonado por completo el proyecto. Algunas iniciativas específicas continuarán su desarrollo:

  • La tecnología de IP Protection, que busca ocultar la dirección IP del usuario en el modo Incógnito de Chrome, está previsto que se implemente a lo largo del tercer trimestre de 2025.
  • Las APIs del Sandbox seguirán estando bajo evaluación: Google ha prometido que publicará un nuevo calendario de implementación una vez recoja el parecer del ecosistema publicitario.

¿Fracaso inevitable o repliegue estratégico?

Aunque muchos lo consideran un fracaso, es posible que Google simplemente esté ajustando su estrategia ante un entorno complejo:

  • A nivel técnico, las cookies de terceros siguen siendo una herramienta ampliamente utilizada por el sector.
  • En lo normativo, la retirada podría aliviar tensiones con autoridades antimonopolio en EE.UU. y Reino Unido.
  • En lo comercial, mantener las cookies protege los ingresos de los anunciantes y editores que dependen del actual modelo publicitario.

Sin embargo, este giro también deja claro que la privacidad no es una prioridad para Google cuando entra en conflicto con su modelo de negocio basado en la recolección masiva de datos.

Lo más importante

La lección, en todo caso, es clara: los usuarios no pueden depender únicamente de las grandes plataformas para proteger su privacidad. La adopción de navegadores alternativos y extensiones de protección de la privacidad se vuelve cada vez más necesaria para quienes desean tomar el control de su experiencia digital.

Vía | The Privacy Sandbox

Imagen | Marcos Merino mediante IA

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Nuevo miedo desbloqueado: ser estafado al escanear un código QR en un bar o parking. Así de fácil pueden robar nuestros datos

Nuevo miedo desbloqueado: ser estafado al escanear un código QR en un bar o parking. Así de fácil pueden robar nuestros datos

Las estafas mediante códigos QR fraudulentos, conocidas como «quishing«, son cada vez más comunes, sobre todo teniendo en cuenta que el uso de los códigos QR se ha impulsado masivamente a lo largo de los últimos años tras el COVID.

Esta modalidad de fraude, impulsada principalmente por organizaciones criminales, ha pasado de 100 casos reportados en Reino Unido en 2019 a 1.386 denuncias en 2024, tal y como cuenta el medio BBC. En España, este tipo de estafas también ha llegado con casos como el de Aragón, donde la Policía Nacional detectaba códigos QR falsos en la carta de los restaurantes.

Un código QR falso encima del original

Los delincuentes suelen colocar sus propios códigos QR falsos en lugares donde el pago sin contacto es común, como parquímetros y menús de restaurantes. Simplemente pegan sus códigos fraudulentos sobre el código QR original, engañando a los usuarios desprevenidos.

Katherine Hart, oficial principal del Instituto de Normas Comerciales en Reino Unido, advierte que estas estafas están significativamente infradenunciadas y representan un «enorme desafío» para las autoridades a nivel mundial. «Hemos visto enormes cantidades en perdidas de esta manera. Algunas personas han visto desaparecer los ahorros de toda su vida, y ese dinero termina financiando a criminales», explica Hart.

@mariaperadorcriminologia

🚨Cuidado con la estafa de los codigos QR #qr #privacidad #datos #informacion #ciberseguridad #criminologia #españa #amazon #estafa

♬ sonido original – María Aperador

En un vídeo de TikTok, María Aperador, experta en ciberseguridad, también alerta de sus peligros. Los códigos QR engañosos también han aparecido en paquetes, correos electrónicos e incluso en televisión, tal y como cuenta el medio. Al escanearlos con el móvil, las víctimas son dirigidas a sitios web controlados por los estafadores, donde son manipuladas para entregar información personal y bancaria.

Según Hart, muchas de las personas que colocan estos códigos fraudulentos probablemente forman parte del nivel más bajo en una jerarquía criminal organizada y puede que ni siquiera sean conscientes de todas las implicaciones de sus actos.

El medio resalta el caso de Milton Haworth, quien utilizó su teléfono móvil para escanear un código QR en un aparcamiento municipal de Castleford, West Yorkshire, Reino Unido. El código le dirigió a descargar una aplicación no autorizada, donde aceptó pagar 90 peniques para verificar sus datos bancarios. Sin embargo, en lugar de pagar por aparcar, se encontró suscrito a un servicio con una tarifa anual de 39 libras sin opción de reembolso.

«Asumí que había pagado por mi aparcamiento, pero me di cuenta de que era una estafa cuando noté al día siguiente que habían sacado 39 libras de mi cuenta», comentó. «El cartel decía que usara el código para aparcar y nunca había oído hablar de que los códigos QR se utilizaran como estafa».

Las víctimas suelen perder pequeñas cantidades inicialmente, mientras los estafadores recopilan los datos necesarios para lanzar un «fraude secundario». «Podrías perder 2,99 libras y mucha gente no denuncia eso y no se da cuenta de que ha pasado su información a una organización criminal», explicó Hart.

«Días o semanas después, reciben una llamada diciéndoles que han sido víctimas de un fraude. Pueden señalar un día específico porque ya tienen toda la información que compartiste anteriormente. Te convencen, usando tácticas muy coercitivas, de que son de tu banco, la policía o servicios de protección al consumidor, y quieren llevarse todo lo que tienes».

Una empresa de aparcamientos, National Car Parks, que gestiona 800 aparcamientos en Reino Unido, está considerando eliminar los códigos QR de su señalización. La empresa ya ha introducido un «proceso riguroso» para evitar que sus códigos QR sean comprometidos, con inspecciones diarias de carteles y verificación de códigos.

Esto desbloquea un nuevo miedo: el de ser estafado al escanear un código QR que creemos legítimo. Por ello, siempre debemos mantenernos alerta ante estos casos, sobre todo si tras escanear el código QR nos impulsan a pagar alguna cantidad de dinero o nos redirige a una web sospechosa.

Tal y como señalan desde la Agencia Nacional contra el Crimen y el Centro Nacional de Seguridad Cibernética, afirman que es vital que las personas «se mantengan atentas ante los ciberdelincuentes». Recomiendan verificar siempre la autenticidad de un código QR antes de escanearlo, especialmente cuando implique pagos.

Imagen de portada | Marielle Ursua

En Genbeta | La psicología detrás de los timos: así se aprovechan los estafadores de nuestra debilidad


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Antonio Vallejo

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Un psicólogo explica por qué «la generación más preparada» es la más «rota emocionalmente»: así están millennials y Gen Z

Un psicólogo explica por qué "la generación más preparada" es la más "rota emocionalmente": así están millennials y Gen Z

Hace unos días me encontré con una publicación en Instagram de un psicólogo español donde explicaba con dibujos «por qué sentimos lo que sentimos». Se refiere a los millennials. La generación que hemos sido definida como la más preparada de la historia, afirmaba el profesional en salud mental, «es también la más rota emocionalmente«. Así que decidimos hablar con él para este reportaje sobre el panorama para la generación milenial y también para la generación Z.

Ciertamente son muchos los estudios que señalan que los profesionales más jóvenes son los que más padecen problemas de salud mental. Esta misma semana, un nuevo informe de HR News apuntaba a que los profesionales más jóvenes son los que más estrés padecen en el lugar de trabajo. El 43% de las personas de alrededor de 100 países informaron haber experimentado agotamiento en el lugar de trabajo. La generación Z es la que más sufre el agotamiento y también los millennials. Por su parte, los mayores de 55 años fueron el grupo que registró los niveles más bajos de agotamiento.

Adrián Quevedo Rico, psicólogo sanitario especializado en alimentación y psicólogía deportiva, explica que partiendo de este dato, ha hecho un análisis de la situación basándose en lo que observa en sus pacientes a diario: el 31% de millennials han sido diagnosticados con algún problema de salud mental, según un informe de Athenahealth. Por su parte, la American Psychological Association (APA) ha alertado sobre los efectos acumulativos del trauma colectivo en esta generación. Y explica que esto no son meros estudios, sino lo que él y su gremio observa en terapia:

En consulta veo cómo se repiten ciertos malestares: ansiedad, culpa, autoexigencia, pérdida del sentido vital. También observo cómo el contexto social actual no solo no facilita la estabilidad emocional, sino que a veces incluso la entorpece. Mis conclusiones nacen de cruzar estos datos con lo que escucho cada día, y con lo que también veo en mi entorno como ciudadano, no solo como psicólogo.

«La generación más preparada»

Muchos estudios apuntan a que los denominados ‘millennials’ son probablemente la generación mejor preparada de la historia de España. Si eres de esa época seguro que lo habrás escuchado alguna vez. La generación Z también destaca por su interés en la formación. Fuimos educados en que con esfuerzo todo podía lograrse, como recuerda el profesional en psicología.

«Es un mensaje que se nos dio con cariño, porque muchas personas que nos lo transmitieron lo vivieron como verdad. Pero hoy sabemos que no siempre se cumple. Y no porque no nos esforcemos, sino porque el contexto ha cambiado». Y recuerda que «no es solo que el esfuerzo no siempre dé frutos, es que muchas veces te formas, te adaptas, te sacrificas… y aun así no consigues aquello que te prometieron. Y eso no solo frustra: puede hacer que la persona empiece a pensar que el fallo está en ella». Y afirma:

«Esa percepción de “si no lo consigo, es porque no soy suficiente” es una herida profunda que veo en muchas personas».

Y, con esta frustración encima observa que muchas personas encuentran un problema más: «Lo que ocurre entonces es que nos desconectamos de nuestras capacidades. Pensamos que, como ya lo hemos intentado varias veces sin éxito, nunca lo conseguiremos. Y esa es la definición de la indefensión aprendida».

Los millennials: una generación puente

También trata este psicólogo un tema curioso: cómo a los millennials les ha tocado esta en el medio de un mundo de muchos cambios en poco tiempo y cómo eso puede afectar. Ser una «generación puente» es estar entre dos mundos: uno que ya no encaja y otro que aún no entendemos del todo.

Lo que entiende Quevedo Rico es que «nos educaron con valores tradicionales, estructuras rígidas y muchas certezas. Y ahora vivimos en un tiempo donde todo cambia rápido, donde las certezas se han vuelto líquidas y donde muchas de las normas con las que crecimos ya no aplican». Y eso genera una tensión constante.

Ve que los millennial sí entienden el «discurso del cambio —de género, de salud mental, de vínculos, de trabajo, de propósito— pero aún llevamos dentro la semilla del “deber ser”. A veces sentimos que algo ya no tiene sentido, pero seguimos repitiéndolo porque así nos enseñaron. Y ese choque interno duele», según lo que observa de sus pacientes.

Adaptarnos a lo nuevo sin sentir que traicionamos lo que nos formó. Dejar atrás lo que ya no nos representa sin despreciar lo que un día fue importante. Aprender a sostener contradicciones. Todo eso forma parte del desafío de ser generación puente.

La situación para la generación Z

La generación Z se está incorporando estos años en el mercado laboral, no sin polémicas ni sin quejas ante lo que encuentran. Y, ya hemos visto que el alto costo de la vivienda y los bajos salarios están siendo un gran fuente de agotamiento mental.

«Podemos decir que la generación Z está creciendo en un escenario muy distinto al que conocieron sus padres y en parte también los millennials. El contexto económico actual está marcado por la precariedad, el encarecimiento de la vivienda y la dificultad de acceso a empleos estables. En España, las tasas de desempleo juvenil son de las más altas de Europa. Además, hay poca formación financiera, lo que complica aún más tomar decisiones económicas seguras a largo plazo», explica Quevedo Rico sobre lo que nota más agotador para la juventud.

A eso se le suma un mundo en crisis climática, políticas globales inestables y una constante sobreexposición a estímulos digitales. Y aunque no hay una única causa para los problemas de salud mental, la ciencia nos dice que el entorno tiene un peso enorme.

«Además, a nivel relacional y emocional, han crecido en un ecosistema digital que condiciona su forma de vincularse, aprender y trabajar. Y eso no es “bueno o malo”, pero sí requiere adaptaciones distintas. La sensación de no llegar, de no poder cumplir con expectativas ajenas o internas, puede acabar generando una percepción de indefensión, un “da igual lo que haga, no va a cambiar nada”. Y eso es un caldo de cultivo para el sufrimiento existencial».

Imagen | Foto de Melissa Askew en Unsplash

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Bárbara Bécares

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Aprender a programar o no: los grandes líderes ‘tech’ no se ponen de acuerdo sobre si hace falta en 2025

Aprender a programar o no: los grandes líderes 'tech' no se ponen de acuerdo sobre si hace falta en 2025

Hasta hace muy poco, aprender a programar era considerado casi un pasaporte garantizado al éxito profesional en el mundo digital. Desde Silicon Valley hasta las escuelas de secundaria más avanzadas del planeta, la consigna era clara: «Todos deberían saber programar». Pero en 2025, esa narrativa está siendo duramente cuestionada… por los mismos líderes que antes la impulsaban.

Figuras como Mark Zuckerberg (Meta), Sam Altman (OpenAI), Jensen Huang (NVIDIA), Bill Gates (Microsoft), Thomas Dohmke (GitHub), y otros referentes del mundo tecnológico han expresado posturas contradictorias —y en algunos casos, radicalmente opuestas— sobre si es necesario que las nuevas generaciones aprendan a programar, o si, por el contrario, tal conocimiento será una reliquia innecesaria en la era de la IA.

Este artículo explora, en profundidad, este intenso debate. ¿Estamos ante el final de la programación tal como la conocíamos? ¿O más bien estamos redefiniendo lo que significa «saber programar»?

¿El programar se va a acabar?

Expertos en contra de formarse en programación

Mark Zuckerberg ha sido claro: «Llegaremos a un punto en el que todo el código de nuestras aplicaciones será escrito por la IA, no por ingenieros humanos. Y esto probablemente ocurrirá en 2025».

Según el CEO de Meta, la automatización del trabajo de los desarrolladores de nivel medio no es una posibilidad futura, sino una realidad en proceso. Ya no se trata sólo de ganar eficiencia: es una revolución estructural que transformará el rol mismo del programador.

Y Zuckerberg no está solo. Dario Amodei, CEO de Anthropic, predice que «la IA escribirá el 90% del código en los próximos seis meses» y que en un año lo hará prácticamente todo.

A sus ojos, la tendencia es clara: la IA no solo sugiere líneas de código, sino que entiende diseños, construye aplicaciones y, cada vez más, toma decisiones técnicas antes exclusivas de los humanos.

«Nadie debería aprender a programar». -Jensen Huang (Nvidia)

Tal vez la declaración más provocadora proviene de Jensen Huang, CEO de NVIDIA. En la Cumbre Mundial de Gobiernos, afirmó:

«Es casi exactamente lo contrario de lo que se ha dicho estos años. Nuestro trabajo es crear tecnología informática que haga que nadie tenga que programar. El lenguaje de programación será el lenguaje humano. Todo el mundo es ahora un programador».

Esta visión elimina la necesidad de aprender sintaxis, estructuras de control o lenguajes de programación específicos. Según él, el ‘valor’ ya no está en escribir código, sino en saber qué debe hacer ese código, para quién, y cómo integrarlo en el mundo real.

Huang incluso afirma que, si tuviera que elegir hoy una carrera universitaria, estudiaría biología, no informática

La visión de Huang se alinea con la de Sam Altman, CEO de OpenAI, quien sostiene que los estudiantes deberían enfocarse en «dominar las herramientas de IA» del mismo modo que su generación aprendió a programar. Para él, la habilidad clave del futuro no es la codificación per se, sino la ‘metahabilidad de aprender’ y la adaptabilidad.

Altman va más allá al sugerir que los ingenieros de software serán cada vez más productivos con IA… hasta que llegue el momento en que simplemente necesitemos menos programadores.

Expertos a favor de formarse en programación

No todos están de acuerdo con este diagnóstico.

Thomas Dohmke, CEO de GitHub, sostiene firmemente que «cada niño debería aprender a programar, como se enseña matemáticas o física». Para él, el código no es solo una herramienta laboral, sino una habilidad fundamental para comprender el mundo digital que nos rodea.

Su argumento clave es que la IA no sustituye la necesidad de entender cómo funciona el software. Puede ayudar, puede acelerar, pero no reemplaza el pensamiento crítico ni la comprensión del sistema.

En esa línea, Bill Gates (él mismo un entusiasta de las capacidades de la IA) también ha advertido que aprender a programar sigue siendo relevante: lo compara con aprender a multiplicar, a pesar de que una calculadora lo hace más rápido.

«Si quieres entender cómo funciona la multiplicación, tienes que jugar con los números. Lo mismo con la IA: necesitas comprender sus fundamentos, aunque te ayude con tareas específicas».

Por su parte, Jared Friedman, de (Y Combinator), enarbola un argumento aplastante:

«Deberías seguir aprendiendo a programar porque aprender a programar, literalmente, te hace más inteligente.»

¿En el término medio está la virtud?

Guillermo Rauch, CEO de Vercel, ofrece una visión intermedia: afirma que muchas tareas de programación se están transformando en simples procesos de ‘traducción’ —de ideas o diseños a código— y que estas son las más susceptibles de ser automatizadas. Sin embargo,

«Entender cómo funcionan las cosas por debajo del capó sigue siendo crucial».

Para Rauch, el conocimiento profundo de ciertos conceptos técnicos puede volverse menos necesario, pero el conocimiento simbólico y estructural (qué es CSS, qué es un layout, cómo interactúan los componentes) seguirá siendo clave para dirigir correctamente a las IA y obtener los resultados deseados.

Entonces, ¿qué habilidades reemplazará la IA? (Y cuáles no)

En este nuevo paradigma, no todas las habilidades están en riesgo. Las más mecánicas y repetitivas —como implementar un diseño en HTML y CSS, o configurar una API REST básica— ya pueden ser ejecutadas eficientemente por IA. Pero la comprensión de problemas, el diseño de productos, la experiencia de usuario, y la ética de los sistemas automatizados… todavía necesitan de la intervención humana.

Amjad Masad, CEO de Replit, lo resume así: «Aprende a pensar, a descomponer problemas, a comunicarte con claridad. No aprendas código por el código«.

«Entiendo toda la frustración. […] Entre mi trabajo en proyectos de código abierto, en Codecademy y Replit, he promovido el aprendizaje de programación más que nadie».

El debate sobre si «hay que aprender a programar» ya no tiene una única respuesta: depende de qué entendamos por «programar» y de qué rol queremos jugar en un mundo automatizado

¿Y qué hacer si estás empezando tu carrera en tecnología?

Aunque la IA está automatizando muchas tareas, hay algo que no puede automatizar (al menos por ahora): la intuición humana, la creatividad y el juicio ético: la IA puede escribir código, pero aún necesita humanos que le digan qué construir, por qué y para quién.

Por eso, muchos líderes coinciden en que aprender a programar puede seguir siendo valioso como parte del proceso de pensamiento estructurado y creativo, incluso si la mayor parte del código final deja de producirse por trabajo humano.

Tal vez, entonces, no se trate de dejar de programar, sino de aprender a pensar como un ingeniero… sin necesidad de escribir una sola línea de código. De modo que los consejos para quienes comienzan hoy su carrera en tecnología incluyen:

  • Aprende a usar IA como copiloto: ya no es un ‘plus’, es el estándar.
  • No memorices, comprende: ya no necesitas saber de memoria cómo funciona un ‘for loop’… pero sí cuándo es necesario y por qué.
  • Prioriza la resolución de problemas sobre la sintaxis.
  • Complementa tu formación con habilidades blandas: comunicación, pensamiento crítico, diseño y ética digital.

Imagen | Marcos Merino mediante IA

En Genbeta | El ‘vibe coding’ está revolucionando la programación. Y también haciendo destrozos muy grandes en el código


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Aprender a programar o no: los grandes líderes ‘tech’ no se ponen de acuerdo sobre si hace falta en 2025

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