Microsoft predijo hace 11 años cómo iba a ser el futuro: prácticamente sólo acertó la fecha

Microsoft predijo hace 11 años cómo iba a ser el futuro: prácticamente sólo acertó la fecha

Teorizar con el futuro es uno de las sociedades y de la tecnología presente en ellas es uno de los actos favoritos de los grandes pensadores y emprendedores de la historia, como podemos ver en el caso de Isaac Asimov o Bill Gates. Sin embargo, las compañías, sin nombres concretos detrás, también indican a menudo cómo creen que puede ser un futuro no tan lejano.

Microsoft cumple 45 años en abril de este 2020, y sin ningún género de dudas en todo ese tiempo ha sido una de las compañías encargadas de que, tecnológicamente, funcionemos como lo hacemos en la actualidad. Hace tan sólo 11 años, desde Redmond lanzaron una predicción en forma de vídeo en la que mostraban el futuro tecnológico. Todos podíamos teorizar con algo así, pero incluso en la época en la que el smartphone moderno estaba despegando, la realidad que se ve parecía algo exagerada.

Un 2019 a lo Minority Report, y con detalles algo inútiles respecto a lo que tenemos

El vídeo comienza enseñándonos cómo podrían ser las aulas del futuro, comunicando a través de una pizzarra electrónica ultraavanzada una clase de la India con una clase que parece estadounidense, en la que interviene traducción automática de Microsoft, que podemos ver en Skype. La tecnología de traducción instantánea existe, pero no con esa fluidez. Lo que no es posible tener en un aula son esas pantallas/pizarras, que producen una inmersión superior a la de la realidad virtual actual.

Tarjeta De Embarque Mientras la realidad ha unido tarjetas y dispositivos en los smartphones, Microsoft daba vida inteligente a las primeras en su visión de 2019.

En la siguiente escena se muestra una pantalla en la clase ejecutiva de un avión, y llama la atención cómo no consideran las posibilidades de los smartphones para almacenar tarjetas de embarque (Passbook y los códigos QR por todas partes), sino que se muestran tarjetas del tamaño de las de crédito, pero con una pantalla electrónica. Sin duda futurista, pero aunque podría tener más usos, no es más que un espacio físico gastado innecesariamente.

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Lo que vemos luego ya sí es Minority Report total. Quizá con más interacción táctil que al aire, pero con elementos que no dejan de estar más relacionados con una realidad aumentada muy lejana que con el presente que muestran las pantallas actuales (que de ninguna forma se están integrando así con muebles o la realidad) o las interfaces.

Smartphone Modular

Lo siguiente es un smartphone modular del tamaño de una tarjeta de crédito que se puede separar por capas que se pueden utilizar de forma separada y conjunta para hacer una pantalla más grande, algo parecido a lo que prometen los teléfonos plegables que comenzamos a ver. Si en algo acierta el vídeo es en cómo enseña una interfaz en la que se comparte la ubicación con una persona durante un lapso de tiempo personalizable, justo como hoy se hace por WhatsApp o Telegram de forma corriente.

Periodico

Otro futuro que el vídeo no sabe entender es el de las tablets. «2019» y todavía sigue mostrando periódicos tradicionales, de forma electrónica y con movimiento, eso sí, al estilo de los de Harry Potter. Interesante, pero innecesario para la realidad actual. Un futuro correcto es ese en que todo desaparece con, por ejemplo, realidad aumentada. Claramente, en el 2019 presente, no hay baterías ni chips que puedan potenciar elementos tan finos y dedicados a tareas tan concretas.

Por último, no defrauda demasiado la interfaz de los dispositivos (con un control que en algún caso recuerda al del Surface Dial. Con estilo basado en Metro, incluso a día de hoy no se ve anticuada, y recuerda a Fluent Design. El diseño plano es uno de los grandes logros de Microsoft en los últimos años, aunque ninguna plataforma lo haya mostrado de forma adecuada y con un aprovechamiento de espacio optimizado.


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Microsoft predijo hace 11 años cómo iba a ser el futuro: prácticamente sólo acertó la fecha

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Genbeta

por
Antonio Sabán

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Yap, el chat para un máximo de seis participantes en el que solo puedes ver el último mensaje de cada persona

Yap, el chat para un máximo de seis participantes en el que solo puedes ver el último mensaje de cada persona

¿Sabemos lo que es una sala de chat convencional? ¿Sí? Pues olvidemos ese conocimiento. Yap, proyecto creado por la fundadora de Lifehacker, Gina Trapani, es un chat radicalmente rompedor. Tremendamente distinto.

Se define como una sala de chat efímera y en tiempo real. Con un máximo de seis participantes, los mensajes que se comparten con el resto aparecen y desaparecen tan rápido como son teclados, lo que significa que a menos que prestemos atención a lo que va apareciendo en pantalla, nos perderemos parte de las conversaciones las conversaciones. Como en la vida real.


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Australia arde mientras sus dirigentes se aferran al carbón

En 2006 un estudio publicado en la revista Science llegó a la conclusión de que, debido al cambio climático, las condiciones secas duran más y, a su vez, causan temporadas de incendios más prolongadas. Los investigadores analizaron 34 años de incendios forestales en el oeste de Estados Unidos, cuyo clima mediterráneo-templado es muy similar al del suroeste y sureste de Australia, donde los incendios son más intensos.

Los incendios y el cambio climático son inseparables.

El cambio climático inducido por las emisiones de gases de efecto invernadero está aumentando la extensión de la temporada anual de incendios, que era tradicionalmente el verano.

Los incendios forestales en zonas templadas y boreales también arden más rápido y a mayores temperaturas porque hay más combustible para quemar. Esto es debido al derretimiento temprano de la nieve y a la desecación de la madera provocados por el calentamiento global.

El bosque arde en Australia, un país en el que no abundan los bosques y uno de los países más vulnerables a los cambios climáticos. La superficie forestal de esa isla-continente ocupa un 17 % del total, menos de la mitad de la española (36 %).

Los más de diez millones de hectáreas consumidas hasta ahora en Australia son los más intensos registrados en el país y los más extensos desde que hay registros oficiales. Modificada del original.

Las condiciones cálidas y secas que han alimentado los incendios no son nada nuevo en Australia, pero, como puede verse en la gráfica, esta temporada de incendios ha sido con diferencia la más calamitosa. En otro artículo publicado en The Conversation ya se han apuntado algunas de las razones de un desastre que ya predecían los científicos australianos cuando calculaban los efectos de un cambio climático, ya convertido en emergencia.

Los autralianos emiten el triple de CO₂ que los españoles

Aunque reconozcamos esos factores, pretender que no pasa nada porque los fuegos son un fenómeno normal solo prueba que los intereses económicos de los poderosos se imponen a los razonamientos ecológicos. Mientras Australia arde, su actual Gobierno reafirma el compromiso con el carbón y amenaza con convertir en delito los boicots a empresas destructoras del medio ambiente.

Australia tiene una de las emisiones de dióxido de carbono per cápita más altas del mundo. El país fue responsable del 1,1 % de todas las emisiones mundiales de CO₂ entre 1850 y 2002. Hoy, los australianos representan el 0,3 % de la población mundial pero liberan el 1,07 % de los gases de efecto invernadero del mundo.

Los 7 inventos más importantes para combatir el cambio climático

Las emisiones anuales per cápita de los australianos (16 toneladas) casi triplican a las españolas (6), están muy por encima de la OCDE y de la media de los países desarrollados y continúan aumentando debido a la falta de compromiso gubernamental. Australia utiliza carbón (70 %) para generar electricidad. El resto viene de la quema de otro combustible fósil, el gas natural.

Carece de energía nuclear, emplea muy bajos niveles de energía hidroeléctrica y utiliza muy poca energía solar, eólica y de mareas.

Un suicidio anunciado

Los incendios de Australia son un suicidio anunciado que ocurre cuando un Gobierno negacionista y una política irresponsable se topan con los efectos del cambio climático. Años de gobiernos liberal-conservadores financiados por la industria del carbón y carentes de políticas medioambientales han llevado al país a convertirse en uno de los peor situados en lo que a prevención de la emergencia climática se refiere.

A finales de los 80 y principios de los 90 hubo un claro consenso entre los dos principales partidos políticos australianos sobre la necesidad de actuar contra el cambio climático. Sin embargo, después de la recesión de los 90, los gobiernos conservadores comenzaron a cuestionar esta amenaza. En 1997, Australia y Estados Unidos fueron los únicos países que no ratificaron el Protocolo de Kioto.

Australia asistió a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 y adoptó el Acuerdo de París. En las elecciones de 2018, la victoria de los conservadores supuso la llegada al Gobierno de un negacionista climático, Scott Morrison. Así, el país oceánico se unió a Rusia, Turquía y Brasil como seguidores de la promesa del presidente Trump de retirarse del Acuerdo de París.

La población australiana está mayoritariamente a favor de las políticas medioambientales, pero la acción del fortísimo lobby minero en el país líder en exportaciones de carbón, unida al poder mediático del negacionista Rupert Murdoch – cuyos medios lideraron la campaña que elevó al liberal Morrison a primer ministro – ha conducido a una falta de prevención cuyas consecuencias vemos ahora.

El presidente Morrison, capaz de seguir de vacaciones en Hawái mientras su país ardía por los cuatro costados, puede pretender que es “lo de siempre”, pero las evidencias lo desmienten y reclaman acciones internacionales decididas. Si Australia sigue así el enorme problema no lo tienen solo nuestros antípodas, sino el mundo entero.

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El último ejemplo de una larga lista

El verano de incendios australiano solo es el último en la cadena de sucesos meteorológicos catastróficos ocurridos el año pasado.

Los miles de incendios en Angola, en el Congo y en Brasil, los refugiados climáticos de Luisiana, las inundaciones en Florida y en el Medio Oeste estadounidense. Una ola de calor en India que elevó las temperaturas hasta los 50 ⁰C y otra que provocó temperaturas insólitas en buena parte de Europa, donde hemos disfrutado de una Navidades primaverales que han obligado a poner nieve artificial en las calles de Moscú.

Ante desastres como el de Australia, Donald Trump y quienes lo imitan hacen todo lo que pueden para que se repitan. El apocalipsis se convierte en la nueva normalidad. La desoladora paradoja de lo que está ocurriendo es que el negacionismo climático se vuelve más extremo ahora que las perspectivas de una acción decisiva deberían ser mejores que nunca.

Los peligros del cambio climático no son ya profecías distópicas sobre el futuro. Podemos ver el daño ahora, en tiempo real, aunque no sea más que una pequeña muestra de lo que nos espera. Las reducciones drásticas de las emisiones de gases invernadero parecen ahora extraordinariamente fáciles de lograr, al menos desde el punto de vista económico, porque se han conseguido tantos progresos tecnológicos en renovables que ni Morrison ni Trump lograrán apuntalar la industria del carbón y de los combustibles fósiles frente a la competencia de las energías alternativas.

Si seguimos ignorando la emergencia climática, Australia solo anticipa nuestro futuro. Aunque tengamos delante las imágenes de una catástrofe colosal, muchos pretenderán mirar hacia otro lado y seguir ignorándola. Así de sencillo. Y así de lamentable.The Conversation

Manuel Peinado Lorca, Catedrático de Universidad. Departamento de Ciencias de la Vida e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

XIX Premio a los mejores aceites de oliva virgen extra de la provincia de Málaga, cosecha 2019-2020

Destinatado a  Almazaras autorizadas o empresas productoras fabricantes de aceites de oliva virgen extra que estén inscritas en el Registro General Sanitario de Empresas Alimentarias y Alimentos de la Junta de Andalucía así como en el Registro de Industrias Agroalimentarias de Andalucía.

Más información:

https://www.bopmalaga.es/sumario.php?fecha=07-01-2020

 

Así es el nuevo mundo laboral ante un modelo productivo que demanda flexibilidad

Así es el nuevo mundo laboral ante un modelo productivo que demanda flexibilidad

Durante muchos años, el denominado trabajo por cuenta ajena a tiempo completo y con una duración indeterminada, ha sido la característica más notoria del mercado laboral en los países desarrollados que forman la OCDE. A esta modalidad laboral la han denominado el trabajo estándar.

No obstante, se ha observado que el trabajo denominado «no estándar» está ganando peso y es relativamente frecuente en estas economías. Nos encontramos con que en los países de la OECD, cerca del 15% de los trabajadores eran autónomos en el año 2013, el 13% y el 15% de los empleados dependientes tenían respectivamente contratos temporales o bien trabajaban a tiempo parcial, lo que implica menos de 30 horas semanales y la mitad de ellos por debajo de las 20 horas semanales.


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