«Cualquier persona normal no hubiera caído en el engaño». Absuelven a un condenado por estafa porque el denunciante fue «negligente»

"Cualquier persona normal no hubiera caído en el engaño". Absuelven a un condenado por estafa porque el denunciante fue "negligente"

La delgada línea que separa la estafa penal de una mala decisión económica ha vuelto a situarse en el centro del debate judicial tras una reciente resolución del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC). El alto tribunal autonómico ha absuelto a un hombre que había sido condenado a cuatro años de prisión por la Audiencia de Las Palmas, al concluir que el engaño del que se decía víctima el denunciante fue tan evidente que

«Cualquier persona mínimamente normal no hubiera caído en él».

Una condena anulada

El caso se remonta a finales de 2020, cuando el acusado y el denunciante se conocieron, y el primero se presentó como agente inmobiliario con amplia experiencia y comenzó a ofrecer oportunidades de inversión supuestamente irresistibles: viviendas procedentes de fondos buitre a precios muy por debajo del mercado.

La Audiencia de Las Palmas dio credibilidad a la versión del denunciante y condenó al acusado por un delito continuado de estafa: cuatro años de prisión, una multa de 2.400 euros y la obligación de devolver 146.000 euros por la venta ficticia de cinco inmuebles. Sin embargo, el TSJC ha desmontado esa interpretación.

246.000 euros entregados… sin una sola escritura

El elemento clave de la absolución está en los hechos objetivos: a lo largo de seis operaciones distintas, durante un año y medio, el denunciante entregó 246.000 euros sin que se formalizara ni una sola compraventa, sin visitas acreditadas a los inmuebles y sin documentos notariales o registrales que avalaran las transacciones.

Las operaciones se sucedieron así:

  • Finales de 2020: 50.000 euros por un bungalow en El Cotillo (Fuerteventura).
  • Enero de 2021: 60.000 euros por cuatro pisos en Sardina del Sur (Gran Canaria).
  • Marzo de 2021: 46.000 euros para inmuebles en Santa Cruz de Tenerife.
  • Junio de 2021: un cheque de 48.000 euros, alegando el acusado una necesidad puntual de liquidez.
  • Febrero de 2022: 42.000 euros para invertir en apartamentos en Costa Calma (Fuerteventura).

En ninguno de los casos hubo contrato de arras, escritura pública ni inscripción registral. Pese a ello, eso no impidió que el denunciante siguiera pagando.

¿Todo engaño es estafa?

La Sala es especialmente dura al describir la conducta del denunciante. En su resolución afirma que actuó con «desidia, desinterés, de forma negligente y torpemente», subrayando que fue «demasiado dinero, en demasiadas entregas sucesivas y durante demasiado tiempo» como para no advertir la inexistencia real de las operaciones.

El tribunal recuerda un principio esencial del derecho penal: no todo engaño es estafa. Para que exista delito, el ardid debe ser lo suficientemente elaborado como para vencer la diligencia media de una persona. Cuando la supuesta víctima no adopta las precauciones más elementales, el engaño puede quedar fuera del ámbito penal.

¿Víctima o socio imprudente?

Uno de los pasajes más llamativos de la sentencia apunta incluso a la posible existencia de «intereses de otro tipo» en unas operaciones que carecían de cualquier apariencia de realidad jurídica. Sin afirmarlo de forma expresa, el TSJC deja entrever que el denunciante pudo haber asumido conscientemente un riesgo extraordinario, atraído por la expectativa de beneficios rápidos.

El tribunal también reconoce que en la conducta del acusado existía codicia, pero subraya que el denunciante buscaba adquirir inmuebles de fondos buitre a precios irrisorios, un contexto que refuerza el carácter inverosímil de las propuestas.

La devolución parcial y la atenuante

Solo cuando el acusado tuvo conocimiento de que se preparaban acciones judiciales, devolvió 100.000 euros. Ese reintegro permitió aplicar la atenuante de reparación del daño, aunque finalmente la absolución dejó sin efecto todas las penas impuestas en primera instancia.

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Marcos Merino

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Ya puedes bloquear tu PC desde el móvil o ver la pantalla del móvil en tu PC sólo con las apps de Microsoft para Windows y Android

Ya puedes bloquear tu PC desde el móvil o ver la pantalla del móvil en tu PC sólo con las apps de Microsoft para Windows y Android

Durante años, uno de los objetivos recurrentes de Microsoft ha sido acercar la experiencia del PC al teléfono móvil, especialmente en un mundo dominado por Android e iOS. Tras la actualización lanzada hace unos días para la aplicación ‘Enlace a Windows’ en Android y su contraparte ‘Enlace Móvil’ en Windows 11, ese objetivo empieza a materializarse de forma más sólida gracias a un conjunto de nuevas funciones que marcan un punto de inflexión: por primera vez, el teléfono no solo se conecta al PC, sino que puede controlarlo en aspectos clave.

Bloquear el PC desde el móvil: una mejora pequeña, pero crucial

La novedad más llamativa es la posibilidad de bloquear remotamente un PC con Windows 11 desde un teléfono Android. Con solo pulsar el botón ‘Bloquear PC’ en la app Enlace a Windows, el equipo se bloquea en cuestión de segundos, aunque el usuario no se encuentre físicamente frente al mismo.

Esta función responde a un escenario muy común: dejar el ordenador encendido y desbloqueado en la oficina, en una casa compartida o en un espacio público. Hasta ahora, si el usuario se alejaba sin bloquearlo, dependía de soluciones como ‘Dynamic Lock’ (basado en Bluetooth) o, simplemente, de la suerte. Ahora, el bloqueo remoto añade una capa manual de seguridad, sencilla y eficaz.

Y Microsoft ha sido clara en un punto importante: no es posible desbloquear el PC remotamente. El bloqueo es una acción de una sola vía. Esta configuración refuerza la seguridad del sistema, ya que el desbloqueo implicaría autenticación sensible y mayores riesgos en caso de pérdida o robo del teléfono.

Transferencia de archivos bidireccional sin servicios externos

Otra mejora fundamental es la transferencia de archivos en ambos sentidos, algo que sorprendentemente no estaba disponible hasta ahora. Tradicionalmente, ‘Enlace Móvil’ permitía enviar archivos desde el PC al teléfono, pero no al revés. Con la nueva versión, el usuario puede enviar fotos, documentos y otros archivos desde Android al PC de forma directa y sin servicios en la nube.

El funcionamiento es simple: desde ‘Enlace a Windows’ se seleccionan los archivos (incluso directamente desde la cámara), y estos aparecen en Windows 11 con una notificación inmediata. A la inversa, desde el Explorador de archivos se puede usar la opción ‘Enviar al móvil’, que ahora se integra mejor y deja rastro en la interfaz del móvil.

Este sistema no es del todo novedoso, pues compite directamente con soluciones como Google Nearby Share o aplicaciones de terceros, pero cuenta con la ventaja de estar integrado nativamente en Windows.

Historial de actividad: visibilidad entre dispositivos

La nueva sección ‘Actividad reciente’ actúa como un panel de control ligero donde el usuario puede ver qué ha ocurrido recientemente entre el PC y el móvil: archivos enviados, fotos compartidas o texto copiado entre dispositivos. No se trata de un registro técnico exhaustivo, pero sí permite, por ejemplo, localizar rápidamente un archivo recién transferido o confirmar que una acción se completó correctamente.

Portapapeles compartido: copiar en el PC, pegar en el móvil

Una de las funciones más útiles para la productividad diaria es el portapapeles compartido entre Windows 11 y Android. Al activarlo desde la configuración de Windows, cualquier texto o imagen copiada en el PC se sincroniza automáticamente con el teléfono.

Esto elimina obstáculos muy comunes que nos obligaban a copiar un enlace en el ordenador y pegarlo en WhatsApp, enviar fragmentos de texto a Telegram o reutilizar una captura de pantalla sin enviarla por correo o mensajería. Además, la app mantiene un pequeño historial del portapapeles, lo que amplía su utilidad.

Duplicar la pantalla del móvil en el PC con un solo toque

La actualización también simplifica el espejado de la pantalla de Android en Windows 11. Ahora se puede iniciar directamente desde el móvil mediante la opción ‘Mirror to PC’, sin necesidad de navegar por menús en el ordenador.

Esto resulta especialmente práctico para presentaciones rápidas, uso de aplicaciones móviles en pantalla grande o simplemente para responder mensajes sin tocar el teléfono. Microsoft incluso está experimentando con un modo expandido, que aprovecha mejor el espacio del monitor cuando las aplicaciones Android tienen interfaz adaptable.

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Marcos Merino

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Tratar el estrés como «un don», y no como algo negativo, es la particular perspectiva del CEO de Snapchat

Tratar el estrés como "un don", y no como algo negativo, es la particular perspectiva del CEO de Snapchat

Durante décadas, el estrés ha sido retratado como uno de los grandes villanos de la vida moderna. Se le responsabiliza del agotamiento laboral, de la ansiedad crónica y de una larga lista de problemas de salud física y mental. Sin embargo, en el corazón de Silicon Valley, donde la presión alcanza niveles extremos, algunos líderes comienzan a defender una idea contraintuitiva: el estrés no siempre es un enemigo; puede ser un aliado.

Y uno de los principales defensores de este particular punto de vista es Evan Spiegel, cofundador y CEO de Snap, la empresa matriz de la app de mensajería Snapchat, valorada en torno a los 13.000 millones de dólares. En recientes entrevistas, Spiegel ha compartido una filosofía personal que ha llamado la atención tanto del mundo tecnológico como del público general: interpretar el estrés más como un «don» que como algo negativo.

Reencuadrar la presión: una cuestión de mentalidad

Spiegel expuso esta idea en el pódcast Grit, donde explicó que la clave no está tanto en eliminar el estrés —algo prácticamente imposible en puestos de alta responsabilidad— como en cambiar la perspectiva con la que lo afrontamos.

Para el CEO de Snap, la forma en la que una persona etiqueta mentalmente una situación de presión determina en gran medida su impacto emocional y psicológico. Y se hace una pregunta:

«¿Debemos considerarlo como algo negativo, o verlo como una oportunidad de aprendizaje?».

En su experiencia, este cambio de enfoque tiene un efecto profundo en la capacidad de gestión emocional. Él afirma que su postura no nace de la ingenuidad, sino de haberse pasado años enfrentándose a decisiones críticas.

Lo cierto es que Spiegel ha liderado Snapchat desde sus inicios, rechazó en 2013 una oferta de compra multimillonaria por parte de Meta y llevó a la compañía a bolsa en 2017. Más recientemente, ha tenido que dirigir procesos de reestructuración interna en un contexto de competencia feroz.

El respaldo de la ciencia

Aunque la idea de ‘agradecer’ el estrés pueda resultar incluso ofensiva para quien lo padece, Spiegel no está solo: algunas nvestigaciones en psicología respaldan esta visión. La psicóloga de la Univ. de Stanford Kelly McGonigal, autora del libro The Upside of Stress, sostiene que reinterpretar el estrés como una respuesta útil del cuerpo ante los desafíos puede mejorar el rendimiento, la adaptación y la salud emocional.

Según estos estudios, no es únicamente el nivel de estrés lo que afecta negativamente, sino la creencia de que el estrés es intrínsecamente dañino. Spiegel no ha hecho más que incorporar esta perspectiva a su vida profesional, considerándola esencial para sostener el ritmo de un puesto directivo a largo plazo.

Liderar sin transmitir la carga

Uno de los aspectos más llamativos del discurso de Spiegel es su concepción del liderazgo. Para él, ser CEO implica actuar como un amortiguador de la presión, no como un transmisor de la misma. En lugar de descargar el estrés sobre su equipo o su entorno familiar, considera que su responsabilidad es absorberlo y gestionarlo de forma privada.

Para lograrlo, el directivo ha desarrollado rutinas concretas: ejercicio físico regular, sesiones de sauna y meditación forman parte de su día a día. Estas prácticas no eliminan el estrés, pero le permiten procesarlo sin que afecte negativamente a sus relaciones personales o profesionales.

Tras más de una década al frente de Snap, Spiegel afirma que la exposición continuada a situaciones exigentes ha normalizado el estrés en su vida. Con el tiempo, deja de percibirse como una amenaza excepcional y pasa a formar parte del paisaje cotidiano:

«Cuando entras en un ritmo constante de eventos estresantes, se vuelven normales».

No todos los líderes lo viven igual

La visión de Spiegel contrasta con la de otros grandes ejecutivos tecnológicos. Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha reconocido públicamente vivir en un estado constante de ansiedad, impulsado por el miedo al fracaso, a pesar del éxito histórico de su empresa.

De forma similar, Dustin Moskovitz, cofundador de Facebook y ex CEO de Asana, ha descrito los puestos de máxima responsabilidad como profundamente agotadores, especialmente en un mundo cada vez más impredecible.

Estas diferencias muestran que no existe una única forma de convivir con el estrés, y que la personalidad, la experiencia y el contexto influyen decisivamente en cómo se procesa la presión.

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Marcos Merino

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Uber Eats está en problemas en España: si no contrata ya a sus repartidores autónomos, el Ministerio de Trabajo activará la vía penal

Uber Eats está en problemas en España: si no contrata ya a sus repartidores autónomos, el Ministerio de Trabajo activará la vía penal

El Ministerio de Trabajo liderado por Yolanda Díaz ha anunciado nuevas medidas par lograr que Uber Eats contrate a sus repartidores de comida. Por ahora, esta compañía es la única gran empresa de reparto de comida que sigue operando con autónomos en España. No hay que olvidar que Glovo acabó con su modelo de falsos autónomos tras 205 millones de euros en multas y que su fundador fuera a juicio. 

El Ministerio está investigando hasta enero. Y, como recoge El País, fuentes del departamento han dicho que si Uber Eats no cambia su modelo en enero, cuando finalizará la investigación, se activará la vía penal contra la empresa como ya hicieron con Glovo, lo que involucrará al máximo responsable de la compañía, horizonte con el que Trabajo amenaza a los dirigentes de Uber Eats. Si la empresa cambiase ya el modelo, se podría desactivar esta amenaza penal. 

Uber Eats afirma que da más peso a los asalariados

Por su parte, los repartidores tienen también el derecho de impulsar esta medida si quisieran. Uber Eats, por su parte, ha declarado que cuentan con personal asalariado y autónomo y que les dan más peso a los primeros. Y que, con esto, el objetivo es acabar con el modelo de las empresas con las que compite en el mercado: Just Eat y Glovo. 

Si la empresa quiere evitar la vía penal solo tiene que tomar medidas cuanto antes y contratar a sus repartidores antes de que se emita el expediente de la investigación del Ministerio. Aunque los empleados también podrían denunciar y eso dejaría abierta la mencionada vía. 

Problemas pasados

Cabe recordar que en agosto de 2021, desde Riders x Derecho denunciaban en redes sociales que «Uber Eats está cometiendo un ERE encubierto despidiendo a muchos compañeros. Tienen que contratar directamente a los trabajadores, respetar el convenio colectivo, la antigüedad,etc». Esto se denunció frente a los Tribunales. Concretamente, fueron los sindicatos CCOO y UGT los que llevaron a cabo la demanda.

En verano de 2022, el Tribunal Supremo reabrió este caso judicial contra Uber Eats, anulando la sentencia de la Audiencia Nacional, que en su día no reconocía la legitimación activa de ambos sindicatos para impugnar el despido colectivo que llevó a cabo Uber Eats en agosto de 2021, para eludir aplicación de la “Ley Ryder” que entró en vigor hace casi un año ahora.

Imagen | Foto de Robert Anasch en Unsplash

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Bárbara Bécares

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A los desarrolladores de software se les fue de las manos cómo lo bautizan. Y ahora todos pagamos un ‘impuesto cognitivo’ por ello

A los desarrolladores de software se les fue de las manos cómo lo bautizan. Y ahora todos pagamos un 'impuesto cognitivo' por ello

Durante décadas, podría decirse que las ingenierías ha compartido un principio básico: los nombres importan. Es decir, que un puente, una válvula, un compuesto químico o un instrumento quirúrgico reciben nombres que dicen algo sobre su función, su forma o su propósito. Nadie espera creatividad literaria en un manual técnico: lo que se espera es claridad. Sin embargo, según el programador Salih Muhammed, en el mundo del software algo se terminó torciendo en los últimos años.

Hoy convivimos con listados de aplicaciones, librerías de desarrollo y plataformas cloud poblados de serpientes, dioses nórdicos, animales y, en general, de palabras que no significan absolutamente nada relacionado con lo que en realidad hacen.

Esta tendencia, que a muchos puede parecerle simpática o inofensiva, según Muhammed tiene un coste muy real que pagamos con atención, memoria y esfuerzo mental. Él lo califica de ‘impuesto cognitivo’. Confucio ya hablaba de ello en sus ‘Analectas’:

«Zǐ lù dijo: Si el monarca de Wèi decidiera que el maestro se convirtiera en gobernante, ¿qué llevaría el maestro a cabo primero?»

«El maestro dijo: sería necesario rectificar los nombres«.

«Zǐ lù dijo: ¿esto harías? ¡el maestro es un pedante! ¿por qué rectificarlos?»

«El maestro dijo: Porque si los nombres no están rectificados, entonces las palabras no son eficaces; si las palabras no son eficaces, entonces los asuntos no se llevan a cabo […]».

Cuando el nombre deja de ayudar

Richard Stallman, una de las figuras históricas del software libre, señalaba en una charla reciente algo que debería resultar obvio, pero que ya no lo es: las herramientas deberían tener nombres que ayuden a recordar qué hacen.

El problema no es que exista algún nombre creativo aquí o allá. El problema es que la excepción se ha convertido en norma. Hoy es habitual escuchar descripciones técnicas que suenan más a un poema surrealista que a una arquitectura informática:

«Usamos Viper [‘víbora’] para la configuración, Cobra para la línea de comandos, Melody para los WebSockets, Casbin para permisos y Asynq para las colas de trabajo».

Desde el punto de vista del oyente, esa frase exige un esfuerzo adicional inmediato: detenerse, mapear cada nombre a su función real, consultar documentación o hacer búsquedas mentales forzadas. De todos los nombres, sólo el último tiene algo que ver con su función: Asynq es una librería para procesamiento asíncrono de tareas y colas de trabajos en Go (job queue).

En otras ingenierías esto no pasaría

Imaginemos el mismo fenómeno trasladado a otros campos. Un ingeniero civil no hablaría de reforzar un edificio con el sistema «ThunderFalcon». Un cardiólogo no diría que va a implantar un ‘Butterfly X’ en lugar de un stent coronario. Y un químico no bautiza una molécula como «Steve» para que suene gracioso. 

Cualquiera que haya estudiado algo de química sabe, de hecho, que la nomenclatura de los compuestos no es algo que se deja al azar: es preferible que algo tenga un nombre largo antes de que no quede claro a qué nos estamos refiriendo.

Durante los primeros años de la informática, este mismo principio era la norma. Herramientas como ‘grep’ (global regular expression print), ‘sed’ (stream editor), ‘diff’ (difference) o ‘cat’ (concatenate) no resultaban muy líricas, pero funcionales. Los primeros lenguajes de programación también seguían esa lógica: FORTRAN, COBOL, BASIC, SQL. Incluso cuando había abreviaturas, el significado estaba ahí.

Muhammed no tiene claro cuando comenzó el problema, pero señala que la deriva se aceleró con dos fenómenos: el auge de la cultura startup y la multiplicación del software abierto en plataformas como GitHub.

Nombrar un producto de consumo con una palabra llamativa tiene sentido cuando se invierten millones en marketing y posicionamiento. ‘Google’ podía permitirse ser una palabra sin significado previo porque se convirtió en verbo a base de omnipresencia. Pero una librería técnica con unas pocas decenas o cientos de usuarios no tiene ese colchón cultural.

Aun así, muchos desarrolladores empezaron a imitar ese estilo: el resultado es un ecosistema saturado de nombres que no describen nada y que obligan a todos los demás a hacer trabajo extra: cuando alguien se encuentra con una dependencia llamada ‘libsodium’, debe detenerse y preguntarse «¿De qué va esto? ¿Criptografía? ¿Por qué ‘sodio’? ¿Es algún chiste químico?».

Ese pequeño esfuerzo mental exige sólo unos segundos, es cierto, pero en un proyecto moderno, con decenas o cientos de dependencias, esos segundos se multiplican. A lo largo de una carrera profesional, conlleva montañas de esfuerzo mental que no se dedica a resolver problemas reales, sino a descifrar etiquetas arbitrarias.

El otro punto de vista

En los foros de HackerNews, sin embargo, no todo el mundo acepta que haya habido una ‘edad dorada’ de buenos nombres que luego se perdió. De hecho, una de las respuestas más votadas lo resume con una frase demoledora: 

«A los desarrolladores no ‘se nos fue de las manos’, nunca lo tuvimos entre manos y punto».

Una de las primeras reacciones del foro es desmontar la idealización de los nombres ‘clásicos’ de Unix y del software temprano. Se mencionan ejemplos como:

  • GNU, un acrónimo recursivo (es decir, que se incluye a sí mismo:»GNU’s Not Unix»).
  • awk, iniciales de apellidos (por sus creadores Aho, Weinberger y Kernighan).
  • dd, quizá el caso más extremo: nadie parece ponerse de acuerdo sobre qué significa realmente.

Otros reconocen que no todos on nombres que carezcan del todo de sentido. pero que muchos solo funcionan dentro de un contexto histórico y cultural muy específico… y que si no lo conoces, el nombre deja de ser una pista y se convierte en un jeroglífico. El caso de la app ‘Bison’ (Bisonte) resulta paradigmático: es la versión GNU de Yacc (‘Yet Another Compiler-Compiler’), que suena igual que ‘yak’ (un animal emparentado con el bisonte).

Familiaridad y claridad no son lo mismo

Una idea que se repite en el debate es que la sensación de algo sea un ‘buen nombre’ suele ser retrospectiva: cuando una herramienta se usa durante años, su nombre se vuelve transparente por pura costumbre, no porque sea intrínsecamente bueno.

Muchos participantes admiten sin pudor que usan aplicaciones de las antes mencionadas a diario sin recordar ya —o sin haber sabido nunca— qué significan esas siglas: así, el nombre deja de ser semántico y pasa a ser un simple identificador arbitrario, como lo sería cualquier palabra inventada.

Desde esta perspectiva, el problema no es tanto el nombre como el volumen: hoy el número de herramientas, librerías y frameworks ha explotado; hay miles de proyectos nuevos cada año, y la carga cognitiva no proviene de que un nombre sea raro, sino de que hay demasiados nombres que aprender.

Antes, una persona podía conocer ‘todos’ los nombres relevantes del ecosistema Unix. Hoy eso es imposible (y también hay muchos más ecosistemas)

Marketing, buscabilidad y SEO

Otro argumento recurrente es práctico: el nombre tiene que ser único y fácil de encontrar. En un mundo dominado por buscadores (y ahora también por modelos de lenguaje), llamar a tu proyecto ‘http-client‘ puede que resulte descriptivo, pero es una opción pésima cuando pretendes que el usuario busque documentación sobre el mismo.

Esto no justifica el uso de nombres completamente arbitrarios, claro… pero explica por qué muchos desarrolladores buscan palabras distintivas, incluso a costa de claridad inmediata.

¿Entonces no hay problema?

No exactamente. Aunque muchos participantes consideran exagerada la queja original, también hay un consenso implícito: nombrar cosas es difícil, y hacerlo bien es raro.

Algunos comentarios rescatan un punto intermedio muy interesante: los nombres funcionan mejor cuando hay una relación, aunque sea metafórica, con lo que hace la herramienta. Bison funciona porque es “GNU Yacc”; sodium porque viene de NaCl; grep porque remite a una acción concreta dentro de ed.

El problema surge cuando la relación desaparece por completo y el nombre se convierte en una ocurrencia privada sin anclaje compartido.

Imagen | Marcos Merino mediante IA

En Xataka | Los números de versiones son un disparate: por qué unas aplicaciones van por la 1.0 y otras por la 100.0


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Marcos Merino

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