A los desarrolladores de software se les fue de las manos cómo lo bautizan. Y ahora todos pagamos un ‘impuesto cognitivo’ por ello

A los desarrolladores de software se les fue de las manos cómo lo bautizan. Y ahora todos pagamos un 'impuesto cognitivo' por ello

Durante décadas, podría decirse que las ingenierías ha compartido un principio básico: los nombres importan. Es decir, que un puente, una válvula, un compuesto químico o un instrumento quirúrgico reciben nombres que dicen algo sobre su función, su forma o su propósito. Nadie espera creatividad literaria en un manual técnico: lo que se espera es claridad. Sin embargo, según el programador Salih Muhammed, en el mundo del software algo se terminó torciendo en los últimos años.

Hoy convivimos con listados de aplicaciones, librerías de desarrollo y plataformas cloud poblados de serpientes, dioses nórdicos, animales y, en general, de palabras que no significan absolutamente nada relacionado con lo que en realidad hacen.

Esta tendencia, que a muchos puede parecerle simpática o inofensiva, según Muhammed tiene un coste muy real que pagamos con atención, memoria y esfuerzo mental. Él lo califica de ‘impuesto cognitivo’. Confucio ya hablaba de ello en sus ‘Analectas’:

«Zǐ lù dijo: Si el monarca de Wèi decidiera que el maestro se convirtiera en gobernante, ¿qué llevaría el maestro a cabo primero?»

«El maestro dijo: sería necesario rectificar los nombres«.

«Zǐ lù dijo: ¿esto harías? ¡el maestro es un pedante! ¿por qué rectificarlos?»

«El maestro dijo: Porque si los nombres no están rectificados, entonces las palabras no son eficaces; si las palabras no son eficaces, entonces los asuntos no se llevan a cabo […]».

Cuando el nombre deja de ayudar

Richard Stallman, una de las figuras históricas del software libre, señalaba en una charla reciente algo que debería resultar obvio, pero que ya no lo es: las herramientas deberían tener nombres que ayuden a recordar qué hacen.

El problema no es que exista algún nombre creativo aquí o allá. El problema es que la excepción se ha convertido en norma. Hoy es habitual escuchar descripciones técnicas que suenan más a un poema surrealista que a una arquitectura informática:

«Usamos Viper [‘víbora’] para la configuración, Cobra para la línea de comandos, Melody para los WebSockets, Casbin para permisos y Asynq para las colas de trabajo».

Desde el punto de vista del oyente, esa frase exige un esfuerzo adicional inmediato: detenerse, mapear cada nombre a su función real, consultar documentación o hacer búsquedas mentales forzadas. De todos los nombres, sólo el último tiene algo que ver con su función: Asynq es una librería para procesamiento asíncrono de tareas y colas de trabajos en Go (job queue).

En otras ingenierías esto no pasaría

Imaginemos el mismo fenómeno trasladado a otros campos. Un ingeniero civil no hablaría de reforzar un edificio con el sistema «ThunderFalcon». Un cardiólogo no diría que va a implantar un ‘Butterfly X’ en lugar de un stent coronario. Y un químico no bautiza una molécula como «Steve» para que suene gracioso. 

Cualquiera que haya estudiado algo de química sabe, de hecho, que la nomenclatura de los compuestos no es algo que se deja al azar: es preferible que algo tenga un nombre largo antes de que no quede claro a qué nos estamos refiriendo.

Durante los primeros años de la informática, este mismo principio era la norma. Herramientas como ‘grep’ (global regular expression print), ‘sed’ (stream editor), ‘diff’ (difference) o ‘cat’ (concatenate) no resultaban muy líricas, pero funcionales. Los primeros lenguajes de programación también seguían esa lógica: FORTRAN, COBOL, BASIC, SQL. Incluso cuando había abreviaturas, el significado estaba ahí.

Muhammed no tiene claro cuando comenzó el problema, pero señala que la deriva se aceleró con dos fenómenos: el auge de la cultura startup y la multiplicación del software abierto en plataformas como GitHub.

Nombrar un producto de consumo con una palabra llamativa tiene sentido cuando se invierten millones en marketing y posicionamiento. ‘Google’ podía permitirse ser una palabra sin significado previo porque se convirtió en verbo a base de omnipresencia. Pero una librería técnica con unas pocas decenas o cientos de usuarios no tiene ese colchón cultural.

Aun así, muchos desarrolladores empezaron a imitar ese estilo: el resultado es un ecosistema saturado de nombres que no describen nada y que obligan a todos los demás a hacer trabajo extra: cuando alguien se encuentra con una dependencia llamada ‘libsodium’, debe detenerse y preguntarse «¿De qué va esto? ¿Criptografía? ¿Por qué ‘sodio’? ¿Es algún chiste químico?».

Ese pequeño esfuerzo mental exige sólo unos segundos, es cierto, pero en un proyecto moderno, con decenas o cientos de dependencias, esos segundos se multiplican. A lo largo de una carrera profesional, conlleva montañas de esfuerzo mental que no se dedica a resolver problemas reales, sino a descifrar etiquetas arbitrarias.

El otro punto de vista

En los foros de HackerNews, sin embargo, no todo el mundo acepta que haya habido una ‘edad dorada’ de buenos nombres que luego se perdió. De hecho, una de las respuestas más votadas lo resume con una frase demoledora: 

«A los desarrolladores no ‘se nos fue de las manos’, nunca lo tuvimos entre manos y punto».

Una de las primeras reacciones del foro es desmontar la idealización de los nombres ‘clásicos’ de Unix y del software temprano. Se mencionan ejemplos como:

  • GNU, un acrónimo recursivo (es decir, que se incluye a sí mismo:»GNU’s Not Unix»).
  • awk, iniciales de apellidos (por sus creadores Aho, Weinberger y Kernighan).
  • dd, quizá el caso más extremo: nadie parece ponerse de acuerdo sobre qué significa realmente.

Otros reconocen que no todos on nombres que carezcan del todo de sentido. pero que muchos solo funcionan dentro de un contexto histórico y cultural muy específico… y que si no lo conoces, el nombre deja de ser una pista y se convierte en un jeroglífico. El caso de la app ‘Bison’ (Bisonte) resulta paradigmático: es la versión GNU de Yacc (‘Yet Another Compiler-Compiler’), que suena igual que ‘yak’ (un animal emparentado con el bisonte).

Familiaridad y claridad no son lo mismo

Una idea que se repite en el debate es que la sensación de algo sea un ‘buen nombre’ suele ser retrospectiva: cuando una herramienta se usa durante años, su nombre se vuelve transparente por pura costumbre, no porque sea intrínsecamente bueno.

Muchos participantes admiten sin pudor que usan aplicaciones de las antes mencionadas a diario sin recordar ya —o sin haber sabido nunca— qué significan esas siglas: así, el nombre deja de ser semántico y pasa a ser un simple identificador arbitrario, como lo sería cualquier palabra inventada.

Desde esta perspectiva, el problema no es tanto el nombre como el volumen: hoy el número de herramientas, librerías y frameworks ha explotado; hay miles de proyectos nuevos cada año, y la carga cognitiva no proviene de que un nombre sea raro, sino de que hay demasiados nombres que aprender.

Antes, una persona podía conocer ‘todos’ los nombres relevantes del ecosistema Unix. Hoy eso es imposible (y también hay muchos más ecosistemas)

Marketing, buscabilidad y SEO

Otro argumento recurrente es práctico: el nombre tiene que ser único y fácil de encontrar. En un mundo dominado por buscadores (y ahora también por modelos de lenguaje), llamar a tu proyecto ‘http-client‘ puede que resulte descriptivo, pero es una opción pésima cuando pretendes que el usuario busque documentación sobre el mismo.

Esto no justifica el uso de nombres completamente arbitrarios, claro… pero explica por qué muchos desarrolladores buscan palabras distintivas, incluso a costa de claridad inmediata.

¿Entonces no hay problema?

No exactamente. Aunque muchos participantes consideran exagerada la queja original, también hay un consenso implícito: nombrar cosas es difícil, y hacerlo bien es raro.

Algunos comentarios rescatan un punto intermedio muy interesante: los nombres funcionan mejor cuando hay una relación, aunque sea metafórica, con lo que hace la herramienta. Bison funciona porque es “GNU Yacc”; sodium porque viene de NaCl; grep porque remite a una acción concreta dentro de ed.

El problema surge cuando la relación desaparece por completo y el nombre se convierte en una ocurrencia privada sin anclaje compartido.

Imagen | Marcos Merino mediante IA

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Sin este software, no existirían Windows ni Linux: el primer sistema operativo del mundo ya tiene 70 años

Sin este software, no existirían Windows ni Linux: el primer sistema operativo del mundo ya tiene 70 años

Hoy en día, resulta imposible disociar el concepto de ‘ordenador’ del de ‘sistema operativo’: ya sea Windows, Linux, macOS… (o, qué sé yo, TempleOS), esta categoría destacada de software es la que hace útil la maquinaria de nuestros PCs, al permitir que los usuarios interactúen con el hardware de forma eficiente, automatizada y accesible.

Sin embargo, pocas personas conocen al pionero que sentó las bases de esta revolución informática: ‘Director’, el primer sistema operativo automático del mundo, que acaba de cumplir 70 años.

Director: contigo empezó todo

Director‘ fue creado en el prestigioso MIT con el objetivo de mejorar la eficiencia del Whirlwind I, un ordenador revolucionario desarrollado durante la Guerra Fría. A diferencia de sus predecesores, que requerían intervención humana constante mediante tarjetas perforadas o interruptores, ‘Director’ permitía que las instrucciones fueran ejecutadas de forma automática y continua.

¿Cómo lo lograba? Mediante cintas magnéticas que contenían secuencias de órdenes preprogramadas. El Whirlwind I, guiado por ‘Director’, procesaba estas tareas una tras otra sin necesidad de pausa ni intervención humana. Este avance marcó el inicio del procesamiento por lotes, una técnica que más adelante se convertiría en estándar para las grandes computadoras mainframe —como las de IBM— y que aún hoy persiste en sistemas modernos.

El hardware detrás de la hazaña

Pero el Whirlwind I no fue un simple ordenador de laboratorio: fue uno de los primeros ordenadores digitales en funcionar en tiempo real, y jugó un papel estratégico en la historia militar estadounidense. Su importancia fue tal que se convirtió en la base del sistema SAGE (Semi-Automatic Ground Environment) de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, diseñado para la defensa aérea en plena Guerra Fría.

Este uso pionero de la informática en tiempo real sentó las bases para el desarrollo de tecnologías militares, científicas y comerciales en las décadas siguientes. El Whirlwind I funcionó durante casi una década hasta que fue oficialmente retirado el 29 de mayo de 1959 (sólo cuatro años después del lanzamiento de ‘Director’).

Las huellas de ‘Director’ en tu PC

Aunque ‘Director’ fue concebido en un contexto completamente distinto —una máquina del tamaño de una habitación, basada en el uso de cintas magnéticas y orientada a fines militares—, muchos de sus principios fundamentales siguen formando parte del ‘ADN’ de los sistemas operativos actuales.

Uno de los legados más claros es el ya mencionado procesamiento por lotes, es decir, la capacidad de ejecutar múltiples tareas de manera secuencial y sin intervención humana directa. Hoy, este concepto está presente en acciones tan cotidianas como programar tareas con el Administrador de tareas de Windows, usar scripts en Linux para automatizar procesos, o realizar actualizaciones del sistema en segundo plano mientras el usuario trabaja en otras cosas.

Otro principio heredado es la abstracción del hardware: ‘Director’ liberó a los usuarios de la necesidad de interactuar directamente con la maquinaria, permitiéndoles comunicarse con el sistema sin necesidad de, literalmente, ‘toquetear las tripas’ del ordenador. Por eso hoy podemos manejar un PC sin conocer su arquitectura interna: el sistema operativo se encarga de traducir nuestras órdenes (clics, comandos, gestos) en instrucciones que el hardware pueda ejecutar.

También la noción de modularidad —separar las instrucciones en bloques reutilizables y coordinados—, introducida de forma primitiva por ‘Director’, está presente en los sistemas actuales que utilizan servicios, ‘daemons’ o procesos independientes que se gestionan de forma dinámica.

Incluso el paradigma moderno de la multitarea tiene raíces en este SO: permitir que el sistema administre y priorice tareas sin intervención manual (incluso si ‘Director’ sólo ejecutaba tareas de forma secuencial) fue un primer paso en la dirección hacia los entornos multitarea de hoy.

El legado de ‘Director’

Windows, cuyo lanzamiento inicial tuvo lugar el 20 de noviembre de 1985, nació como una interfaz gráfica para MS-DOS, un sistema operativo en modo texto lanzado cuatro años antes. El macOS de Apple apareció en 1984 con una experiencia gráfica avanzada, y Linux, que transformó el mundo del software libre, vio la luz en 1994 con su versión 1.0.

Pero sin la existencia del Director —y sin el impulso que supuso el Whirlwind I—, probablemente nada de esto habría ocurrido de la misma manera.

Imagen | Montaje de Marcos Merino sobre un original del MIT Museum

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Este ingeniero de software español cuenta lo que gana y gasta trabajando en una big tech de EE.UU. Y se hace viral

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Ya hemos visto cómo el teletrabajo ha traído nuevas realidades. Una de ellas es que los trabajadores de países ricos tienen ahora competencia en trabajadores de otros países con sueldos más bajos ya que una empresa puede encontrar talento en cualquier lugar del mundo y ahorrar costes de una forma muy sencilla.

Muchos profesionales del sector tech y programadores pueden encontrar empleos en empresas internacionales (de hecho en Genbeta publicamos constantemente estas ofertas que van apareciendo y con muy buenos salarios).

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Estos días se ha hecho viral en redes sociales un chico que cuenta lo que gana trabajando online para una empresa estadounidense. En TikTok, el usuario Alvarosziesp cuenta que no lo dice para presumir. Él no hace su trabajo online (aunque sí existen esas posibilidades), sino que vive en Seattle y ha querido mostrar a su público cuánto se puede ganar siendo ingeniero de software en Estados Unidos.

Poca experiencia laboral

El  informático dice que hace su vídeo por dos razones. Por un lado, considera que la transparencia salarial es muy importante. Y por otro lado para inspirar a otra gente y ver que pueden ganar muy buen dinero como ingenieros de software.

Álvaro cuenta que tiene un año de experiencia en el sector y trabaja en una compañía de «big tech» aunque no especifica cuál es. El salario se divide en dos partes. Por un lado, tiene un salario base que recibe cada dos semanas. Luego tiene acciones de la compañía, pero esa parte es más volátil porque te dan una cantidad fija de acciones, no de dólares.

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Su salario bruto del último mes fue de algo más de 10.600 dólares más 3.400 que ha recibido por el valor bruto de las acciones. En su caso, la empresa le patrocina parte de un plan de pensiones privado y él ha pagado este mes algo más de 2.000 dólares para ese plan y la compañía ha pagado 413 dólares adicionales.

Sus gastos en Seattle

Dice que en Seattle no está obligado a pagar impuestos estatales pero ha pagado 3.264 dólares en impuestos federales. Si quita lo que ha pagado para su plan de pensiones y por impuestos, le quedan algo más de 8.000 dólares netos.

Hay que tener en cuenta que Seattle es una de las ciudades más caras de Estados Unidos y mucho se ha hablado de ello ahora que Amazon ha obligado a la gente a volver a las oficinas y mucha de esa gente se había mudado de estado porque la empresa había dicho que mantendrían el teletrabajo para siempre.

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De todos modos, parece que este ingeniero no tiene grandes gastos en comparación con su salario. Su alquiler es de 2.789 dólares, aunque no especifica cómo es la casa, gasta unos 240 dólares en moverse con Uber. Si quita lo demás que gasta, dice que está ahorrando 5.000 dólares al mes.

En los comentarios hay gente que menciona que en Madrid hay empresas que quieren pagar de 1400 a 2000 euros habiendo estudiado Computer Science. No hay que olvidar que Estados Unidos es un país mucho más caro que en España. En este caso es una persona soltera sin cargas familiares, pero allí a causa de la falta de servicios sociales, la educación y la sanidad son muy costosas. 

Vía | La Vanguardia

Imagen | Foto de Danial Igdery en Unsplash

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Software para vigilar a un trabajador remoto. Un estudio revela las consecuencias de esta desconfianza de las empresas

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Ya hemos visto cómo el teletrabajo ha traído nuevos fenómenos en las relaciones entre compañeros de equipo y también entre coordinadores o directivos y los empleados de la empresa. Algunas de estas novedades son positivas, como las ganas de mantenerse más conectados para estar siempre al tanto de los demás a pesar de la distancia. Y otras son más complicadas como la desconfianza de que el trabajador esté ejerciendo sus labores si no está siendo «vigilado» por un superior.

Ya se ha hablado de la «paranoia de la productividad», que incluso afecta a CEO de empresas gigantes. Abrió la veda Microsoft cuando habló de «la paranoia  de la productividad» definiéndola como una situación en la que «los  directivos temen que la pérdida de productividad se deba a que los empleados no trabajan, a pesar de que las horas trabajadas, el número de reuniones y otras métricas de actividad han aumentado».

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Hace unos días, diversos directivos y consultores de recursos humanos decían en un reportaje que algo que ha cambiado entre la pandemia y ahora, es que ahora el empleado tiene más distracciones y eso puede hacer sospechar al directivo de que toma descansos. Es decir, antes todo estaba cerrado así que poco más podíamos hacer que estar en casa y con el PC. Ahora ya todo está abierto y nuestras actividades de ocio también.

Fórmulas para vigilar a los empleados

Pues bien, en este contexto, tenemos que muchas empresas han decidido vigilar a sus empleados. Incluso hay software para ello: el bossware. Según una nueva encuesta de ResumeBuilder.com, un sitio de recursos profesionales, más de uno de cada tres empresarios (37%) afirma que exige a sus empleados que aparezcan en un vídeo en directo cuando no están en la oficina.

Según ResumeBuilder.com (el estudio se basa en 1.000 empresas que tienen modelos híbridos o de teletrabajo total), las personas que se dedican a supervisar las emisiones de vídeo suelen pasar entre dos y cuatro horas al día supervisando esas emisiones. Y otra de las herramientas más comunes usadas es el registro de pulsaciones.

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Sobre esto último hay que recordar una historia muy interesante que incluso ha creado un debate en Reddit. Un trabajador remoto habló de su despido por descargar una app de «mouse jiggler». Esto se refiere a un simulador que mantiene tu ratón funcionando y en movimiento aunque tú no estés delante de tu ordenador.

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Y es que, este estudio del que hablamos, dice que las formas más habituales de vigilar a los empleados no se basan en cámaras para espiar su comportamiento mientras están de servicio.

Lo más habitual es que las empresas hagan un seguimiento de la actividad de navegación web y el uso de aplicaciones de los trabajadores (62%), o que limiten el acceso de los trabajadores a determinados sitios web o aplicaciones, como las plataformas de streaming de vídeo (esto en un 49% de las empresas encuestadas), por ejemplo.

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Además, las empresas realizan un seguimiento de la atención de los trabajadores mediante biometría, capturando pantallas al azar y registrando sus pulsaciones de teclas, lo que en teoría puede revelar si los trabajadores están realizando actividades laborales o personales.

Todos estos datos luego son usados: más del 70% de las empresas analizadas han utilizado los datos recogidos a través de la vigilancia para despedir a trabajadores que consideraban improductivos.

Medidas que pueden causar el efecto contrario

Aunque estas medidas pretenden garantizar que el rendimiento de los trabajadores cumple las expectativas, pueden resultar contraproducentes. Y tiene sentido: a muchos trabajadores no les gusta que se les vigile todo el tiempo.

Según ResumeBuilder.com, casi el 70% de las empresas afirman que han tenido empleados que han renunciado por preocupaciones relacionadas con la vigilancia o con su privacidad.

«No es de extrañar que muchos empleados no quieran sentir que un gran hermano los vigila a diario cuando son buenos empleados y trabajan duro», es una de las conclusiones de Stacie Haller, asesora jefe de carrera de Resumebuilder.com. Y es que, cada persona tiene su forma de organizar su tiempo para conseguir los objetivos y sacar adelante el trabajo.

Ya hemos visto cómo muchas empresas están implantando jornadas laborales de 4 días, bajando las horas que una persona pasa trabajando y aún así han mejorado el rendimiento.

En Genbeta | La jornada laboral de 4 días ya es una realidad para muchos. Tres empresas nos cuentan cómo la han implementado

Imagen | Etienne Girardet en Unsplash


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El software de los coches de Mercedes contiene código abierto y en vez de distribuirlo en GitHub usan un CD

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Uno de los requisitos indispensables de todo aquel que haga uso de una licencia GPL es que el código de su software sea público para todo el mundo y se pueda distribuir, haciendo posible que cualquiera pueda modificar el código. Richard Stallman sentó las bases de esta licencia que velaba por el software de código libre a través de la creación de la Free Software Foundation en 1985. Sin embargo, pocas personas en la época se esperarían que esto llegara a afectar a un fabricante de la industria automovilística como Mercedes-Benz. Continuar leyendo «El software de los coches de Mercedes contiene código abierto y en vez de distribuirlo en GitHub usan un CD»