
Vivaldi siempre se ha perfilado como uno de los navegadores alternativos más interesantes ahí fuera. Nunca ha intentando ser el navegador para todos, sino que está orientado especialmente a un tipo de usuario particular: el power user, el que quiere mucho control, mucha personalización y muchos extras.
En ese aspecto nunca ha defraudado sino todo lo contrario, con cada versión son más las funciones únicas que este navegador apila para ser una pequeña navaja suiza de productividad, y con la versión 3.1 han ido tan lejos como a incluir un gestor de notas que está más cerca de ser todo un procesador de texto que una simple función de apuntes.